.puntofinal. tocamos la armonica como dioses bajo el roble agitado y frondoso. como hemos soñado con hormigas y pastos gigantes, y gotas de agua cayendo como pianos sobre nuestras cabezas! esa es la vida del vividor empedernido, tendido todo el día sobre pétalos de rosa y nieves de verano, así es como lo encontré la primera vez que lo ví y creí entenderlo, pero la lógica es una creación humana subjetiva imposible de verificación empírica o de ser formalizada dignamente. la lógica del vividor no existe. el universo es caos arremolinado como tifones oceánicos, de tal forma que ningún número se queda estático junto al resto y los símbolos de más y menos. no hay principio ni final, ni causas ni efectos (efestos? efertos? nastyos?) y lo mismo el lenguaje o cualquiera de las denominadas coordinacionesdeacciones. todo se funde prendiéndose en llamas, cambiando de forma, metales derretidos en mi boca. es por todo esto y nada más que el vividor de vidas se halla en un estado superior al de el resto porque comprende la nihilia de lo supremo y el valor de lo cotidiano. es como un pez o un caballo o un perro labrador. sabe todo sin saber nadA
jueves, noviembre 29, 2007
Inocencia
.puntofinal. tocamos la armonica como dioses bajo el roble agitado y frondoso. como hemos soñado con hormigas y pastos gigantes, y gotas de agua cayendo como pianos sobre nuestras cabezas! esa es la vida del vividor empedernido, tendido todo el día sobre pétalos de rosa y nieves de verano, así es como lo encontré la primera vez que lo ví y creí entenderlo, pero la lógica es una creación humana subjetiva imposible de verificación empírica o de ser formalizada dignamente. la lógica del vividor no existe. el universo es caos arremolinado como tifones oceánicos, de tal forma que ningún número se queda estático junto al resto y los símbolos de más y menos. no hay principio ni final, ni causas ni efectos (efestos? efertos? nastyos?) y lo mismo el lenguaje o cualquiera de las denominadas coordinacionesdeacciones. todo se funde prendiéndose en llamas, cambiando de forma, metales derretidos en mi boca. es por todo esto y nada más que el vividor de vidas se halla en un estado superior al de el resto porque comprende la nihilia de lo supremo y el valor de lo cotidiano. es como un pez o un caballo o un perro labrador. sabe todo sin saber nadA
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
10:30 p. m.
0
gemidos
lunes, septiembre 10, 2007
El Alma del Joven (Parte II)
Gorrión miró al joven sin dar señas de extrañeza ante la proposición, y asentió con un simple movimiento de cabeza. Ambos tomaron sus escasas posesiones y dejaron aquel puente detrás. Gorrión era un hombre divertido y lleno de sabiduría, y su consejo fue continuar en dirección a los cerros. Ahí, según las estrellas, yacía un ser que lloraba por ser encontrado y reconocido. El joven, sin inquirir más detalles, asumió que quizás se tratase de su propia alma extraviada.
Las montañas con el paso d e los días fueron cambiando de color del celeste al café, y grandes hielos se empezaron a vislumbrar en sus cúspides. El entorno era el más desolado desierto. El joven aprendió muchas cosas nuevas gracias al viejo vagabundo. Aprendió que el secreto dela Creación estaba en todas partes, oculto en cada objeto, en cada situación y en cada pensamiento. Una piedra significaba todas las palabras del diccionario en cada una de sus infinitas combinaciones posibles, una piedra significaba todo lo que fuera susceptible de ser concebido y más. Sólo se necesitaba aprender a leerla. Una piedra, además existía en toda la línea del tiempo simultáneamente. Siempre existía en ella el germen de la posibilidad y la huella del pasado. Gorrión había aprendido eso y mucho más con solo mirar al horizonte. Pero el viejo estaba solo, igual que el joven, y moriría solo.
Esa era una idea que al joven le costaba trabajo expulsar. Siempre estaba ahí la aterradora presencia, la visión de la muerte que se acercaba. El viejo era la muerte hecha carne ante los ojos del joven, y cada día que pasaba esta visión se hacía más y más insoportable. Sueños y pesadillas asomaban por las noches, diablos danzantes se le aparecían en el fuego, y le apuntaban con el dedo. La idea de la muerte siempre fue el peor terror del joven, desde que era niño y lloraba en el regazo de su santa madre buscando el consuelo y una explicación de ese destino tan injusto. Era el misterio del cambio y la finitud.
Un terrible alarido lo arrancó bruscamente de su concentración. Debía tratarse del alma necesitada que mencionó el viejo. Ante ellos una casa de adobe y techo de tejas, de al menos cien años y en terrible estado, se erguía sobre carcomidos cimientos, entre árboles gigantes, los primeros que veían en días.
Gorrión corrió adelante y entraron a la casa. Una silla y una mesa podridas, y en el suelo una mujer de campo anciana lloraba de rodillas. Su marido tirado en una cama sin vida. Ella lo acababa de encontrar, su “viejito” de toda la vida, su primer y gran amor, todavía tibio bajo las sábanas.
El joven y el viejo ayudaron a la anciana, y el joven no pudo evitar llorar de pena por ella y el terrible destino que les aguardaba a todos los seres en la tierra. Enterraron el cadáver no sin antes decir unas plegarias bien merecidas, consolaron a la viejecilla y la escoltaron hasta un caserío cercano en donde vivían sus hijos.
El alma necesitada había sido satisfecha. Pero no era su propia alma la que había sido salvada. Sin embargo, a pesar de la incomprensión del joven el viejo insistió en seguir buscando porque su misión ahí todavía no se cumplía. Así fue como encontraron y ayudaron a tres almas más.
La primera de ellas fue un pequeño niño perdido hace días. La segunda de ellas fue un herido en el camino, víctima de los bandoleros. La tercera de ellas, sorprendiendo al joven, fue un noble sauce llorón que sangraba por los cortes que jóvenes amantes le causaban al tallar sus nombres.
El joven todavía no encontraba su propia alma, pero se sentía más cerca. Por primera vez en mucho tiempo el joven sonrió sinceramente al sentir el agradecimiento de esos seres. También sonreía al sentir el viento en la cara y al oler una flor. Pero todavía no se sentía completo. Sus temores seguían ahí dentro, palpitantes, y sabía en su corazón que el momento de hacer un gran sacrificio se acercaba...
Las montañas con el paso d e los días fueron cambiando de color del celeste al café, y grandes hielos se empezaron a vislumbrar en sus cúspides. El entorno era el más desolado desierto. El joven aprendió muchas cosas nuevas gracias al viejo vagabundo. Aprendió que el secreto de
Esa era una idea que al joven le costaba trabajo expulsar. Siempre estaba ahí la aterradora presencia, la visión de la muerte que se acercaba. El viejo era la muerte hecha carne ante los ojos del joven, y cada día que pasaba esta visión se hacía más y más insoportable. Sueños y pesadillas asomaban por las noches, diablos danzantes se le aparecían en el fuego, y le apuntaban con el dedo. La idea de la muerte siempre fue el peor terror del joven, desde que era niño y lloraba en el regazo de su santa madre buscando el consuelo y una explicación de ese destino tan injusto. Era el misterio del cambio y la finitud.
Un terrible alarido lo arrancó bruscamente de su concentración. Debía tratarse del alma necesitada que mencionó el viejo. Ante ellos una casa de adobe y techo de tejas, de al menos cien años y en terrible estado, se erguía sobre carcomidos cimientos, entre árboles gigantes, los primeros que veían en días.
Gorrión corrió adelante y entraron a la casa. Una silla y una mesa podridas, y en el suelo una mujer de campo anciana lloraba de rodillas. Su marido tirado en una cama sin vida. Ella lo acababa de encontrar, su “viejito” de toda la vida, su primer y gran amor, todavía tibio bajo las sábanas.
El joven y el viejo ayudaron a la anciana, y el joven no pudo evitar llorar de pena por ella y el terrible destino que les aguardaba a todos los seres en la tierra. Enterraron el cadáver no sin antes decir unas plegarias bien merecidas, consolaron a la viejecilla y la escoltaron hasta un caserío cercano en donde vivían sus hijos.
El alma necesitada había sido satisfecha. Pero no era su propia alma la que había sido salvada. Sin embargo, a pesar de la incomprensión del joven el viejo insistió en seguir buscando porque su misión ahí todavía no se cumplía. Así fue como encontraron y ayudaron a tres almas más.
La primera de ellas fue un pequeño niño perdido hace días. La segunda de ellas fue un herido en el camino, víctima de los bandoleros. La tercera de ellas, sorprendiendo al joven, fue un noble sauce llorón que sangraba por los cortes que jóvenes amantes le causaban al tallar sus nombres.
El joven todavía no encontraba su propia alma, pero se sentía más cerca. Por primera vez en mucho tiempo el joven sonrió sinceramente al sentir el agradecimiento de esos seres. También sonreía al sentir el viento en la cara y al oler una flor. Pero todavía no se sentía completo. Sus temores seguían ahí dentro, palpitantes, y sabía en su corazón que el momento de hacer un gran sacrificio se acercaba...

Continuará...
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
9:46 p. m.
7
gemidos
viernes, septiembre 07, 2007
El Alma del Joven (Parte I)
El joven pasaba ya sus días de una forma no muy interesante que digamos. Los viejos tiempos ya se habían terminado hacía mucho y nada parecía conmoverlo como antes. Su vida por momentos carecía de atractivo, o por lo menos así lo percibía él. Los amores reales se habían acabado, las pasiones que sentía por el mundo lentamente se disipaban entre su propia oscuridad como los recuerdos distantes de su niñez feliz. Ya no era más el niño soñador sentado atrás de la clase, mirando por la ventana. Ya no repetía esos largos paseos por la alameda con la única compañía de su música en el walkman. Ya no leía a Whitman y a Thoreau con la ingenua admiración con que solía leerlos. Los pocos placeres que le iban quedando se transformaban en una rutina insoportable.
Por las noches no hallaba más que hacer que recorrer en soledad los bares de la ciudad, perdido entre las caras risueñas de los viciosos, tratando de ser uno más entre ellos y olvidarse por unos breves momentos de su actual condición. Se abandonaba a sí mismo a la mediocridad de la multitud, y todas sus antiguas ambiciones parecían tan distantes e irrealizables que prefería apartarlas de su repertorio de pensamientos y reflexiones cotidianas. Para qué alimentar sueños imposibles, decía él convencido.
Un día mientras caminaba de vuelta a casa del trabajo, un pensamiento surcó su mente como un rayo de tormenta, y una emoción implacable desgarró su corazón a los pocos segundos, como el sonido del relámpago. Era la resolución que estaba esperando. El cielo cubierto de nubes se abría sobre él, el sol le sonreía con malicia. Desde hace mucho tiempo que su alma se encontraba extraviada. El joven hombre iría en su busca y no iba a descansar hasta encontrarla. Ya no albergaba temores y dudas en su interior, estaba harto de ellos.
Empacó lo poco que pudo en los tres minutos que le tomó abandonar su casa. No la sentía como su hogar de todos modos, de hecho la odiaba, nunca sintió que perteneciera a ella y, en realidad, no soportaba ya el silencio y la quietud de ese lúgubre espacio. Poco más de veinte mil pesos, una muda de ropa, algunos utensilios de higiene personal, un caño de hierba y un cuchillo eran todo lo que necesitaría para empezar. Subió a su auto y se largo de ahí, siguiendo la carretera del norte, hacia el desierto. Condujo toda la noche hasta el amanecer cuando se acabó la bencina y hubo de abandonar su auto a la orilla del camino.
Caminó y caminó por días incontables, por muchas semanas, los meses pasaban sin que el joven tuviera conciencia de ellos. El tiempo y el espacio eran variables invisibles para él. Cuando se sentía cansado se tendía bajo un árbol y descansaba, cuando sentía sueño se cubría con cualquier cosa y dormía, si sentía hambre, robaba frutas o vegetales de alguna plantación y comía. No había razón para sufrir, llevar una vida normal y estable ya no constituía para él una norma o una obligación moral. Pocas cosas le importaban. Si la gente lo consideraba un vagabundo o un loco, al joven no le iba ni venía puesto que sabía que estaban en lo correcto. Cruzó varios pueblos y algunas ciudades. A veces alguien le tendía una mano amistosa y otras veces le escupían en la cara, pero casi siempre todo lo que recibía era ignorancia e indiferencia.
Una noche de lluvia llegó a una gran ciudad iluminada y se refugió bajo el primer puente que encontró. No estaba sólo, un hombre de largas barbas negras, cubierto de harapos, se encontraba también allí, sentado frente al fuego. Lo invitó a sentarse con él. No tenía nombre, o edad o lugar de origen, había olvidado esos detalles hace ya mucho, pero la gente de los alrededores lo llamaba Gorrión, por la fina y deliciosa voz que a todos encantaba cuando entonaba viejos himnos y melodías improvisadas a cambio de monedas sueltas. El joven experimentó una profunda simpatía por el viejo hombre de barbas, mientras oía con entusiasmo sus historias imaginadas, contadas entre sinceras y joviales carcajadas. Juntos cantaron al compás del agua que caía del cielo, y lograron descifrar uno que otro de sus sueños gracias a las extrañas y arcanas teorías del Gorrión vagabundo. El viejo era una alegre compañía, algo que el joven realmente echaba de menos, por lo que resolvió, al salir el sol y luego de haber dormido unas horas, preguntarle si deseaba acompañarlo en su hasta entonces solitario viaje.
Por las noches no hallaba más que hacer que recorrer en soledad los bares de la ciudad, perdido entre las caras risueñas de los viciosos, tratando de ser uno más entre ellos y olvidarse por unos breves momentos de su actual condición. Se abandonaba a sí mismo a la mediocridad de la multitud, y todas sus antiguas ambiciones parecían tan distantes e irrealizables que prefería apartarlas de su repertorio de pensamientos y reflexiones cotidianas. Para qué alimentar sueños imposibles, decía él convencido.
Un día mientras caminaba de vuelta a casa del trabajo, un pensamiento surcó su mente como un rayo de tormenta, y una emoción implacable desgarró su corazón a los pocos segundos, como el sonido del relámpago. Era la resolución que estaba esperando. El cielo cubierto de nubes se abría sobre él, el sol le sonreía con malicia. Desde hace mucho tiempo que su alma se encontraba extraviada. El joven hombre iría en su busca y no iba a descansar hasta encontrarla. Ya no albergaba temores y dudas en su interior, estaba harto de ellos.
Empacó lo poco que pudo en los tres minutos que le tomó abandonar su casa. No la sentía como su hogar de todos modos, de hecho la odiaba, nunca sintió que perteneciera a ella y, en realidad, no soportaba ya el silencio y la quietud de ese lúgubre espacio. Poco más de veinte mil pesos, una muda de ropa, algunos utensilios de higiene personal, un caño de hierba y un cuchillo eran todo lo que necesitaría para empezar. Subió a su auto y se largo de ahí, siguiendo la carretera del norte, hacia el desierto. Condujo toda la noche hasta el amanecer cuando se acabó la bencina y hubo de abandonar su auto a la orilla del camino.
Caminó y caminó por días incontables, por muchas semanas, los meses pasaban sin que el joven tuviera conciencia de ellos. El tiempo y el espacio eran variables invisibles para él. Cuando se sentía cansado se tendía bajo un árbol y descansaba, cuando sentía sueño se cubría con cualquier cosa y dormía, si sentía hambre, robaba frutas o vegetales de alguna plantación y comía. No había razón para sufrir, llevar una vida normal y estable ya no constituía para él una norma o una obligación moral. Pocas cosas le importaban. Si la gente lo consideraba un vagabundo o un loco, al joven no le iba ni venía puesto que sabía que estaban en lo correcto. Cruzó varios pueblos y algunas ciudades. A veces alguien le tendía una mano amistosa y otras veces le escupían en la cara, pero casi siempre todo lo que recibía era ignorancia e indiferencia.
Una noche de lluvia llegó a una gran ciudad iluminada y se refugió bajo el primer puente que encontró. No estaba sólo, un hombre de largas barbas negras, cubierto de harapos, se encontraba también allí, sentado frente al fuego. Lo invitó a sentarse con él. No tenía nombre, o edad o lugar de origen, había olvidado esos detalles hace ya mucho, pero la gente de los alrededores lo llamaba Gorrión, por la fina y deliciosa voz que a todos encantaba cuando entonaba viejos himnos y melodías improvisadas a cambio de monedas sueltas. El joven experimentó una profunda simpatía por el viejo hombre de barbas, mientras oía con entusiasmo sus historias imaginadas, contadas entre sinceras y joviales carcajadas. Juntos cantaron al compás del agua que caía del cielo, y lograron descifrar uno que otro de sus sueños gracias a las extrañas y arcanas teorías del Gorrión vagabundo. El viejo era una alegre compañía, algo que el joven realmente echaba de menos, por lo que resolvió, al salir el sol y luego de haber dormido unas horas, preguntarle si deseaba acompañarlo en su hasta entonces solitario viaje.
Continuará...
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
11:58 p. m.
2
gemidos
jueves, septiembre 06, 2007
Sin Aire
Santiago me cae sobre la cabeza como un saco de mugre, con todo esto del Transantiago y las distancias infinitas de cada día... al borde del caos total, a solo un paso de una agonía lenta y ahogante como el humo de un tubo de escape. Necesitaré un ligero escape de esta realidad cuando los cigarros Camel dejen de abrirme la ventana al relajo. Esta tarde ha sido así hasta ahora... conversaciones virtuales sorprendentes y gargantas asperas por el tabaco inhalado. La televisión hace 3 horas mostrándome imágenes del adios al maestro Pavarotti, el grande, con su tremenda voz de notas altas y bajas y su actitud magnifica y humilde a la vez, que trajo la ópera a los plebeyos como yo que antes vomitabamos al oírla pero ya no, nunca más eso.En fin, el día está rico, el sol pega fuerte y el verano se acerca con muchos planes en fabricación. Esta vez el mochileo viene real.
La otra vez me fijaba que las personas cuando van en la micro y no cachan bien el recorrido siempre se sientan al lado del pasillo todo nerviosos y van con el cuello como jirafa mirando por arriba de las personas pa ver adonde van.
También caché que siempre que vengo de vuelta de algún lugar lejano en donde nunca antes había estado me viene a la cabeza la idea de que estoy volviendo a mi casa pero en una realidad paralela que no es exactamente igual a la mía. Algo parecido me pasa cada vez que voy escuchando música y la canción se salta un segundo, en esos casos pienso que me raptaron los extraterrestres y me devolvieron con un ligero desfase en el tiempo, y me reviso la barba y las uñas por si me han crecido en ese tiempo que fue borrado de mi mente.
Ahh... fome, el desencanto sigue aquí sobándome la cabeza. Necesito algo específico, no a muchos les he dicho lo que necesito pero lo necesito desesperadamente, ya estoy que corto las huinchas por eso, estoy como reventando por dentro y hasta los peos se me arrancan.
Al menos ya tengo por fin la idea para mi película, anoche se me ocurrio acostado tratando de dormir, esa es la mejor hora y más si estás boca arriba, como que las ideas fluyeeen como agüita fría. Es tan buena la idea que ni cagando la hago al lote como pensaba hacerla, no wn, esto será monumental y perfecto.La otra vez me fijaba que las personas cuando van en la micro y no cachan bien el recorrido siempre se sientan al lado del pasillo todo nerviosos y van con el cuello como jirafa mirando por arriba de las personas pa ver adonde van.
También caché que siempre que vengo de vuelta de algún lugar lejano en donde nunca antes había estado me viene a la cabeza la idea de que estoy volviendo a mi casa pero en una realidad paralela que no es exactamente igual a la mía. Algo parecido me pasa cada vez que voy escuchando música y la canción se salta un segundo, en esos casos pienso que me raptaron los extraterrestres y me devolvieron con un ligero desfase en el tiempo, y me reviso la barba y las uñas por si me han crecido en ese tiempo que fue borrado de mi mente.
Ahh... fome, el desencanto sigue aquí sobándome la cabeza. Necesito algo específico, no a muchos les he dicho lo que necesito pero lo necesito desesperadamente, ya estoy que corto las huinchas por eso, estoy como reventando por dentro y hasta los peos se me arrancan.
Y aquí se acaba el popurrí de ideas poco interesantes.
- me verás volver, oh soda mía.
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
4:50 p. m.
1 gemidos
viernes, julio 27, 2007
La Lenta Espera de la Extinción
La actividad de mi abuela está cada vez más importantemente restringida a pasar el tiempo sentada junto al fuego de la chimenea, absorbiendo el calor como si su sangre ya no fuera capaz de producirlo, con un cigarro en la mano y los ojos entreabiertos, y yo no puedo evitar observarla. A sus ochenta y cinco años la vida tiene poco que ofrecer. Ya no hay ideas nuevas, no más personas interesantes, el futuro no depara ya sorpresas y el mundo no le pertenece, o mejor dicho que ella no pertenece más al mundo, que avanza más rápido y vertiginosamente de lo que su percepción alcanza a captar. Pienso en el maldito oxígeno que deteriora inevitablemente sus células neuronales acercándola más y más a un estado cercano a los objetos, en el constante y persistente acecho de la muerte que se lleva a todos los que la han acompañado desde su juventud, uno a uno, en cualquier momento puede ser ella la elegida. Y así su mundo se reduce a un montón de recuerdos empolvados y cubiertos de gris ceniza. Y el terror toma posesión de mi espíritu, porque llegará el día en que yo tome su lugar y conozca lo que ella conoce ahora, la espera, la deprimente, terrible espera del final…
Dicen que cuando los hombres Inuit, los famosos esquimales, envejecen y se vuelven incapaces de contribuir a la comunidad, pasando a ser una carga, ellos eligen tomar su lanza y abandonar a su gente en busca de una última batalla, en busca del oso polar que les regale la muerte gloriosa que se merecen, como los orgullosos cazadores guerreros que fueron toda su vida.
Está claro que yo no apoyo la eliminación o la segregación de la tercera edad, cualquier cosa menos eso, pero me gusta esa idea romántica de los esquimales, me gusta para mi propio caso individual, significa que el coraje no desaparece necesariamente con los años, que la fuerza y el fuego siguen ahí brillando, que uno puede salvarse de que el tiempo y la naturaleza te roben lo bueno y de valor que hay en ti, y en cierta manera vivir para siempre.
Dicen que cuando los hombres Inuit, los famosos esquimales, envejecen y se vuelven incapaces de contribuir a la comunidad, pasando a ser una carga, ellos eligen tomar su lanza y abandonar a su gente en busca de una última batalla, en busca del oso polar que les regale la muerte gloriosa que se merecen, como los orgullosos cazadores guerreros que fueron toda su vida.
Está claro que yo no apoyo la eliminación o la segregación de la tercera edad, cualquier cosa menos eso, pero me gusta esa idea romántica de los esquimales, me gusta para mi propio caso individual, significa que el coraje no desaparece necesariamente con los años, que la fuerza y el fuego siguen ahí brillando, que uno puede salvarse de que el tiempo y la naturaleza te roben lo bueno y de valor que hay en ti, y en cierta manera vivir para siempre.
Se los dejo como reflexión quizás para aprovechar más nuestras vidas y llegar más alto, ser un poco más heróicos y dignos talvés, qué se yo...
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
3:28 p. m.
7
gemidos
lunes, julio 23, 2007
No Llueve Para Siempre
“No sé si es mi destino el interpretar este papel, pero me siento muy afortunado de poder hacerlo. El cuervo en la película puedes verlo como un guía. Es una pieza de su propia personalidad que lo lleva de regreso a su vida y le recuerda a Eric quién era y qué fue lo que le pasó.Esta es una persona que fue empujada a los límites de su habilidad de hacer frente a lo que está pasando y que a la vez está completamente loco, como una persona loca que escucha voces. Voces racionales que tratan de guiarlo, voces irracionales que vienen de un sitio muy profundo y emocional. Creo que el cuervo es la voz racional.
El cuervo es su guía y ayuda a Eric a hacer aquello que debía de hacer de un modo muy práctico, le conduce a los lugares en los que tiene que estar, le ayuda a encontrar a las personas que tiene que buscar.
Es una historia sobre justicia para las víctimas.
Su misión es encontrar a los hombres que le mataron a él y a su prometida, y matarlos.
Es un papel maravilloso, realmente es un papel con el que puedes arriesgarte. Te da una oportunidad de tomar esos riesgos y llevarlos más allá. Porque dime ¿cómo se va a comportar alguien que regresa del más allá?
Eso es lo que me gusta de interpretar a este personaje, es real… porque no hay reglas sobre como va a comportarse una persona que regresa de la muerte.
Hay una parte de él que está llena de furia… hacia lo que le pasó. Una de las cosas que más me gusta de esta película es el hecho de que todas esas partes del personaje tienen un balance en la pantalla. Está destrozado, bastante destrozado emocional, física y psicológicamente. Creo que el atractivo en la misión de Eric, es que es una misión muy pura. Regresa para buscar justicia.
He hecho otras películas que han sido violentas, pero tengo que decir que nunca he hecho algo en donde sintiera que la violencia estaba tan justificada como en The Crow. No necesitamos preocuparnos por la compasión.
Esto es justicia, sinceramente creo que si yo me encontrara en la misma situación haría exactamente lo mismo que él. El tiene asuntos que arreglar y está obligado a poner a un lado su propio dolor para cumplir su misión.
Esta película maneja el concepto de una solución que está entre el bien y el mal.
Porque no sabemos cuándo moriremos, pensamos que la vida es un pozo inagotable, pero todo ocurre un cierto número de veces, y un número muy pequeño en realidad. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde específica de tu niñez? ¿Una tarde que es profundamente una parte de tu existencia sin la cual no puedes concebir tu vida? Tal vez cuatro o cinco veces como mucho…tal vez ni siquiera eso.
¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte, y al mismo tiempo todo parece no tener límite.
Este es el punto de vista de este personaje , desarrollándose a lo largo de la película, porque todo lo que le sucede le va trayendo bruscamente la visión de como era de hermoso cada momento de su vida.
Este es el mejor papel que he tenido la oportunidad de tener en mis manos.”
El cuervo es su guía y ayuda a Eric a hacer aquello que debía de hacer de un modo muy práctico, le conduce a los lugares en los que tiene que estar, le ayuda a encontrar a las personas que tiene que buscar.
Es una historia sobre justicia para las víctimas.
Su misión es encontrar a los hombres que le mataron a él y a su prometida, y matarlos.
Es un papel maravilloso, realmente es un papel con el que puedes arriesgarte. Te da una oportunidad de tomar esos riesgos y llevarlos más allá. Porque dime ¿cómo se va a comportar alguien que regresa del más allá?
Eso es lo que me gusta de interpretar a este personaje, es real… porque no hay reglas sobre como va a comportarse una persona que regresa de la muerte.
Hay una parte de él que está llena de furia… hacia lo que le pasó. Una de las cosas que más me gusta de esta película es el hecho de que todas esas partes del personaje tienen un balance en la pantalla. Está destrozado, bastante destrozado emocional, física y psicológicamente. Creo que el atractivo en la misión de Eric, es que es una misión muy pura. Regresa para buscar justicia.
He hecho otras películas que han sido violentas, pero tengo que decir que nunca he hecho algo en donde sintiera que la violencia estaba tan justificada como en The Crow. No necesitamos preocuparnos por la compasión.
Esto es justicia, sinceramente creo que si yo me encontrara en la misma situación haría exactamente lo mismo que él. El tiene asuntos que arreglar y está obligado a poner a un lado su propio dolor para cumplir su misión.
Esta película maneja el concepto de una solución que está entre el bien y el mal.
Porque no sabemos cuándo moriremos, pensamos que la vida es un pozo inagotable, pero todo ocurre un cierto número de veces, y un número muy pequeño en realidad. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde específica de tu niñez? ¿Una tarde que es profundamente una parte de tu existencia sin la cual no puedes concebir tu vida? Tal vez cuatro o cinco veces como mucho…tal vez ni siquiera eso.
¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte, y al mismo tiempo todo parece no tener límite.
Este es el punto de vista de este personaje , desarrollándose a lo largo de la película, porque todo lo que le sucede le va trayendo bruscamente la visión de como era de hermoso cada momento de su vida.
Este es el mejor papel que he tenido la oportunidad de tener en mis manos.”
Brandon Lee, durante el rodaje de El Cuervo, poco antes de su muerte.
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
2:35 p. m.
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gemidos
martes, junio 26, 2007
Fantasía Mitológica Jungiana-Lovecraftiana Arquetípica:
En las tinieblas del Inconciente psíquico existen innombrables y profundos deseos arquetípicos nacidos de la mortalidad. Todos en el fondo queremos vivir para siempre. No creemos en el consenso social de la Realidad, que solo existe para limitar el poder de la voluntad. Cualquier cosa que la mente imagine es posibilidad, susceptible de ser transmutada en acción.
El tiempo, como el viento, borra todas las huellas de lo que ha pasado por la tierra. Los hombres, las bestias y los árboles se deshacen en infinitos granos de la arena en que fueron forjados y se vuelan como cenizas, y de la tierra desparramada la lluvia modela nuevas formas originales que experimentarán el mismo proceso de división y renacimiento. Somos todos polvo de estrellas, escombros de Dioses olvidados que sucumbieron ante la fragmentación yóica de la locura o del simple y amargo tedio. Resultado: la vida y la muerte de seres incompletos de todas las tierras, a lo largo y ancho del universo.
Podrá ser una inconcebible insolencia según sus criterios y reglamentos que yo lo pida pero, Estrellas presentes, registren con tinta multicolor en los anales del tiempo más allá del tiempo, el clamor del poderoso deseo. Más allá del momento de mi muerte y de incontables posibilidades de reestructuración atómica con cuerpos ajenos, cuando los relojes eternos renuncien a contar los eones, es mi voluntad que hagan ustedes una excepción cósmica y me permitan atraer mis dispersas moléculas originales una vez más, en exactamente la misma composición y organización en que me encuentro esta noche, para volver a vivir mi vida y ser el mismo hombre otra vez, poseer el mismo cuerpo y vislumbrar con los mismos ojos pardos el futuro distante que mi imaginación fracasa en concebir.
No es mi intención perturbar su glorioso plan armónico, es solo un tema de curiosidad humana. Mi espíritu es fuerte, y despertará algún día para reclamar sus partes, como el antiguo Horus del desierto. En ese momento llevaré a cabo los ritos crepuscularios de llamada y ustedes abrirán sus ojos y sus bocas en el aire frente a mí. Cumplan mi deseo último, háganme uno de ustedes, libérenme del vacío de la existencia incorpórea del humo. Yo juro convertirme en su emisario astral, servidor y adorador, el profeta silencioso del nuevo orden, si soy escuchado.
Así ha hablado Qohelét, el Arcano.
El tiempo, como el viento, borra todas las huellas de lo que ha pasado por la tierra. Los hombres, las bestias y los árboles se deshacen en infinitos granos de la arena en que fueron forjados y se vuelan como cenizas, y de la tierra desparramada la lluvia modela nuevas formas originales que experimentarán el mismo proceso de división y renacimiento. Somos todos polvo de estrellas, escombros de Dioses olvidados que sucumbieron ante la fragmentación yóica de la locura o del simple y amargo tedio. Resultado: la vida y la muerte de seres incompletos de todas las tierras, a lo largo y ancho del universo.
Podrá ser una inconcebible insolencia según sus criterios y reglamentos que yo lo pida pero, Estrellas presentes, registren con tinta multicolor en los anales del tiempo más allá del tiempo, el clamor del poderoso deseo. Más allá del momento de mi muerte y de incontables posibilidades de reestructuración atómica con cuerpos ajenos, cuando los relojes eternos renuncien a contar los eones, es mi voluntad que hagan ustedes una excepción cósmica y me permitan atraer mis dispersas moléculas originales una vez más, en exactamente la misma composición y organización en que me encuentro esta noche, para volver a vivir mi vida y ser el mismo hombre otra vez, poseer el mismo cuerpo y vislumbrar con los mismos ojos pardos el futuro distante que mi imaginación fracasa en concebir.
No es mi intención perturbar su glorioso plan armónico, es solo un tema de curiosidad humana. Mi espíritu es fuerte, y despertará algún día para reclamar sus partes, como el antiguo Horus del desierto. En ese momento llevaré a cabo los ritos crepuscularios de llamada y ustedes abrirán sus ojos y sus bocas en el aire frente a mí. Cumplan mi deseo último, háganme uno de ustedes, libérenme del vacío de la existencia incorpórea del humo. Yo juro convertirme en su emisario astral, servidor y adorador, el profeta silencioso del nuevo orden, si soy escuchado.
Así ha hablado Qohelét, el Arcano.
Nota: Estos textos son ficticios y no reflejan ni siquiera los pensamientos y opiniones de su autor. Cualquier semejanza o correspondencia con la realidad es pura coincidencia.
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
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3:08 p. m.
5
gemidos
Memoria Musical
¿Se han dado cuenta de cómo las canciones que uno escucha en una cierta época de la vida se pegan a las cosas que uno va viviendo? Creo que por eso es que me gusta tanto la música, la música se abraza a los recuerdos y se vuelve inseparable de ellos, haciendo que cada vez que uno escucha esas canciones especiales se vea teletransportado a tiempos pasados que por más que hayan sido duros o difíciles, se ven endulzados o sazonados, volviéndose mágicos, innolvidables. Vuelven los paseos interminables por las calles cubiertas de hojas, los besos tiernos y las caricias de miel, las lágrimas amargas y las sonrisas, los miedos, los deseos, y todas las palabras perfectas que alguna vez hicieron palpitar tu corazón y fluir tu sangre.
Las canciones son máquinas del tiempo, y todo lo que necesitas para activarlas es tenderte en tu cama en la oscuridad y el silencio de la noche con los audífonos puestos, presionar play en el reproductor de cd, y estar dispuesto a soñar un ratito.
Los dejo con Lucha de Gigantes, de Nacha Pop, una de las mejores canciones que conozco...
por obra y gracia de
Felipe Franzani Feltes
a las
3:04 p. m.
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