domingo, diciembre 02, 2007

El Otoño de mi Vida


No sé si alguno de ustedes conoce una canción de Colin Hay que se llama I Just Don’t Think I’ll Ever Get Over You. Para mí esa canción es como una caja de Pandora porque cada vez que la escucho todos los sentimientos más dolorosos que he conocido salen a flote de las oscuridades donde los mantenía encadenados. Es sobre una niña que quise mucho y que, cada vez que escucho esta canción, recuerdo que todavía la quiero. Y recuerdo también el hoyo en que caí por ella…
Les contaré por esto la historia de mi desgracia, que para todos parecerá una lesera chica y sin importancia. Pero si me conocen sabrán que mi vida siempre ha sido súper tranquila, sin sobresaltos y con pocas historias interesantes. Una pérdida de tiempo, según mi punto de vista. Soy una persona apegada a las reglas, creo, poco osada, una característica que odio de mí mismo porque es lo que me mantiene atado al suelo, imposibilitado de crear y de aprovechar todo el potencial que sé que tengo dormido por ahí dentro. Imposibilitado de cumplir mis sueños, a veces humildes pero generalmente bien cabrones, bien soberbios.
Yo antes era muy soñador, y me encantaba estar en compañía de mí mismo porque siempre tenía cosas interesantes que contarme. Ideas nuevas, sistemas enteros filosóficos o religiones inventadas venían a mi cabeza sin cabecearme en absoluto. Soñaba con vivir las vidas de todas las personas del mundo, tomar sus lugares y conocer todo lo que el espíritu humano podía ofrecer. Sentir intensamente. Deseaba el dolor máximo, porque así crecería y me haría más sabio, decía yo. Deseaba obviamente la felicidad perfecta también, con el verdadero amor a mi lado y ser recordado para siempre. Vivía sobre una nube, desde la que miraba al mundo y con eso me bastaba, el futuro estaba lleno de posibilidades y yo las aprovecharía todas a su tiempo. Y realmente me iba bien de esa forma y era feliz, ahora lo sé porque recuerdo esos tiempos con profunda nostalgia.
Y llegó un tiempo que fue hermoso, hice nuevas amistades y tuve nuevos amores. Eran personas interesantes, de las que nunca faltaron en mi vida, y cada vez conocía más y me acercaba más a ellas. Tanto que como el mosquito a la llama me acerqué demasiado y salí herido. Me acerqué tanto al planeta de una cierta persona que ví más de lo que querría haber visto, ví cosas horribles y que quisiera olvidar Y sus errores (así como los míos) me costaron muy caro, ya que le hicimos mucho daño a una persona que más tarde reconocería yo que nunca habría querido sacar de mi vida tan fácilmente. Las cosas con ella nunca han vuelto a ser iguales.
Con estas dos personas perdí al mundo nuevo que estaba conociendo. O quizás no lo perdí, sino que se empañó y nunca pude volver a verlo con los mismos ojos. La confianza en el mundo y mi propia inocencia las perdí casi enteramente con estos atados que pasaron. Sin embargo, el golpe de gracia todavía estaba por venir.
Eso pasó al poco tiempo después, como al par de meses, cuando se terminaron las vacaciones de verano y volví a Santiago. Para esos días yo ya había depositado todo lo que quedaba de mi confianza y mi amor en la niña de la canción de Colin Hay. Ella era mi amiga de tiempo atrás y yo le empecé a tener muchas ganas, como para probarme a mí mismo que a pesar de todo seguía siendo el rey. Así que empecé a preparar el terreno. Los días antes de volver a Santiago la empecé a llamar cada vez más seguido, gastando a veces la tarjeta entera de 3 500 en un puro ratito. La sentía cada vez más cerca de mí… y cuando ya por fin llegó el día de volver a la capital, lo primero que hice fue llamarla para que nos viéramos. Entonces cayó el sol y tomé una micro hasta su edificio.
Juro que verla fue mágico y tuve que aguantarme para no abrazarla y tirarnos rodando por el pasto. Cada vez que la veía era así, y ella sentía lo mismo que yo. Subimos y me mostró su departamento, me presentó a su vieja y me dio un recorrido por su pieza (con su cama hundida en un lado, que yo no sé como mierda dormía ahí) y los cds del equipo del living, que eran pura música buena. Yo estaba enamorado de todo lo que veía, hasta de su gato y sentía un cariño absurdamente huevón hasta por su vieja porque se parecía a ella. También me mostró las estrellas en un balcón y me regaló un llavero que todavía uso y que seguiré usando hasta que mi amor por ella se extinga.
Bajamos en el ascensor sentados en el suelo jugando un quemado que ya no sé quien ganó, y apretando botones como pendejos chicos, porque así es justamente como me sentía, como un pendejo chico, feliz de la vida y muerto de la risa. Ella se escondió detrás de unas plantas en el hall y yo me acosté después con ella en el piso de mármol escuchando música. Salimos a caminar varias cuadras, pasando por fuera de un restaurant con moais. Pero yo solo la miraba a ella…
Para cuando llegamos a un paradero y ella escribió nuestros nombres en el vidrio plástico yo ya estaba en las nubes y no lo podía creer, era simplemente demasiado genial para ser verdad, ¡tenía que ser un sueño! Y volvimos… y en el camino le dije que la quería y que deseaba estar con ella para siempre. Aquí en mi historia hay una laguna y lo único que recuerdo después es encontrarme acostado sobre ella en la escalinata de la terraza de la piscina en el jardín del edificio, besándola en esos labios tan rojos, mirando dentro de sus profundos ojos negros hacia un mundo que me absorbió por un momento que ignoro si duró un minuto o un millón…
Esa noche cambió mi vida porque me dio un recuerdo que todavía no puedo procesar. Por ese recuerdo es que me interesé después por las experiencias de éxtasis de los místicos religiosos. Por ese recuerdo es que lo que siento a veces sigue vivo. La experiencia de lo divino queda en tu alma, te engulle y luego te escupe, te deja sin palabras, más allá, cerca de lo inexplicable y de lo más intrínseco del alma humana.
Al despedirnos ella a través de la reja me dijo que solo me quería como amigo, que lo que pasó entre nosotros fue algo muy lindo pero que no debía pasar de eso. Dijo que le gustaba otro, de hecho ya me lo había dicho pero me sentía tan feliz que no me importó, así volví a mi casa saltando y cantando como huevón con suerte.
Los días que vinieron fueron lo peor que he podido conocer. De golpe perdí toda la confianza que sentía y toda la fe que podía tener en enamorarla de mí. Sus últimas palabras resonaban en mis oídos una y otra vez. La llamaba y la sentía fría y distante (o talvez era yo el distanciado). El sueño se hizo trizas y lloré a mares por una semana entera, como nunca antes. No puedo explicar por qué soy tan gil para estas cosas, solo les digo que si vieron la película La Ciencia del Sueño ahí tienen a un personaje casi calcado a mí, entonces por lo menos no soy el único leso en el mundo.
Así pasó el tiempo y la perdí como amiga y como amor. En días la odiaba a muerte y en otros solo quería comérmela a besos otra vez como el bombón que era, y en la oscuridad invernal del bus de Linatal escuchaba el soundtrack de Garden State, y me hacía pedazos, sus canciones enterrándoseme en el pecho como cuchillos (de ahí la canción de Colin Hay). Para más remate ese año cambié de ambiente en la universidad, con gente totalmente desconocida y a mi parecer bastante rara. Ese año 2006 fue un desastre social, en que ya no era capaz de entrar a la sala de clases por que sentía terror. Esos días volvía la casa llorando en la micro.
Esta es la primera vez que me decido a ser totalmente sincero en el blog, con todos mis defectos a la vista. Es como si toda la magia que conocía y que inspiraba en otras personas se haya agotado con estas cosas que me pasaron. Como que me dormí. Igual este año me he sentido bien, al menos mucho mejor que el año pasado, pero nunca es suficiente, siempre falta algo y me siento incompleto. Olvidé quien soy, se me escapó de las manos y ya tampoco tengo la capacidad de sentir como antes. Podría arrojarme a las adicciones o mandar todo a la mierda y creo que no sería tan terrible, al menos me purificaría y me daría un nuevo comienzo, no sé. Entenderán ya de donde salió la historia del Joven y su alma. Esa historia me hará famoso cuando descubra como encontrarla.

sábado, diciembre 01, 2007

Nick Drake

"Perhaps we fear the magic will evaporate, or we will suddenly see the strings that keep the angels in the air".

"Talvez temamos que la magia se evapore, o que de repente descubramos las cuerdas que mantienen a los ángeles en el aire".


(si quieres saber quien es Nick Drake y qué es lo que significa esta entrada, busca en google)

jueves, noviembre 29, 2007

Inocencia


.puntofinal. tocamos la armonica como dioses bajo el roble agitado y frondoso. como hemos soñado con hormigas y pastos gigantes, y gotas de agua cayendo como pianos sobre nuestras cabezas! esa es la vida del vividor empedernido, tendido todo el día sobre pétalos de rosa y nieves de verano, así es como lo encontré la primera vez que lo ví y creí entenderlo, pero la lógica es una creación humana subjetiva imposible de verificación empírica o de ser formalizada dignamente. la lógica del vividor no existe. el universo es caos arremolinado como tifones oceánicos, de tal forma que ningún número se queda estático junto al resto y los símbolos de más y menos. no hay principio ni final, ni causas ni efectos (efestos? efertos? nastyos?) y lo mismo el lenguaje o cualquiera de las denominadas coordinacionesdeacciones. todo se funde prendiéndose en llamas, cambiando de forma, metales derretidos en mi boca. es por todo esto y nada más que el vividor de vidas se halla en un estado superior al de el resto porque comprende la nihilia de lo supremo y el valor de lo cotidiano. es como un pez o un caballo o un perro labrador. sabe todo sin saber nadA

lunes, septiembre 10, 2007

El Alma del Joven (Parte II)

Gorrión miró al joven sin dar señas de extrañeza ante la proposición, y asentió con un simple movimiento de cabeza. Ambos tomaron sus escasas posesiones y dejaron aquel puente detrás. Gorrión era un hombre divertido y lleno de sabiduría, y su consejo fue continuar en dirección a los cerros. Ahí, según las estrellas, yacía un ser que lloraba por ser encontrado y reconocido. El joven, sin inquirir más detalles, asumió que quizás se tratase de su propia alma extraviada.

Las montañas con el paso d
e los días fueron cambiando de color del celeste al café, y grandes hielos se empezaron a vislumbrar en sus cúspides. El entorno era el más desolado desierto. El joven aprendió muchas cosas nuevas gracias al viejo vagabundo. Aprendió que el secreto de la Creación estaba en todas partes, oculto en cada objeto, en cada situación y en cada pensamiento. Una piedra significaba todas las palabras del diccionario en cada una de sus infinitas combinaciones posibles, una piedra significaba todo lo que fuera susceptible de ser concebido y más. Sólo se necesitaba aprender a leerla. Una piedra, además existía en toda la línea del tiempo simultáneamente. Siempre existía en ella el germen de la posibilidad y la huella del pasado. Gorrión había aprendido eso y mucho más con solo mirar al horizonte. Pero el viejo estaba solo, igual que el joven, y moriría solo.

Esa era una idea que al joven le costaba trabajo expulsar. Siempre estaba ahí la aterradora presencia, la visión de la muerte que se acercaba. El viejo era la muerte hecha carne ante los ojos del joven, y cada día que pasaba esta visión se hacía más y más insoportable. Sueños y pesadillas asomaban por las noches, diablos danzantes se le aparecían en el fuego, y le apuntaban con el dedo. La idea de la muerte siempre fue el peor terror del joven, desde que era niño y lloraba en el regazo de su santa madre buscando el consuelo y una explicación de ese destino tan injusto. Era el misterio del cambio y la finitud.

Un terrible alarido lo arrancó bruscamente de su concentración. Debía tratarse del alma necesitada que mencionó el viejo. Ante ellos una casa de adobe y techo de tejas, de al menos cien años y en terrible estado, se erguía sobre carcomidos cimientos, entre árboles gigantes, los primeros que veían en días.

Gorrión corrió adelante y entraron a la casa. Una silla y una mesa podridas, y en el suelo una mujer de campo anciana lloraba de rodillas. Su marido tirado en una cama sin vida. Ella lo acababa de encontrar, su “viejito” de toda la vida, su primer y gran amor, todavía tibio bajo las sábanas.

El joven y el viejo ayudaron a la anciana, y el joven no pudo evitar llorar de pena por ella y el terrible destino que les aguardaba a todos los seres en la tierra. Enterraron el cadáver no sin antes decir unas plegarias bien merecidas, consolaron a la viejecilla y la escoltaron hasta un caserío cercano en donde vivían sus hijos.

El alma necesitada había sido satisfecha. Pero no era su propia alma la que había sido salvada. Sin embargo, a pesar de la incomprensión del joven el viejo insistió en seguir buscando porque su misión ahí todavía no se cumplía. Así fue como encontraron y ayudaron a tres almas más.

La primera de ellas fue un pequeño niño perdido hace días. La segunda de ellas fue un herido en el camino, víctima de los bandoleros. La tercera de ellas, sorprendiendo al joven, fue un noble sauce llorón que sangraba por los cortes que jóvenes amantes le causaban al tallar sus nombres.

El joven todavía no encontraba su propia alma, pero se sentía más cerca. Por primera vez en mucho tiempo el joven sonrió sinceramente al sentir el agradecimiento de esos seres. También sonreía al sentir el viento en la cara y al oler una flor. Pero todavía no se sentía completo. Sus temores seguían ahí dentro, palpitantes, y sabía en su corazón que el momento de hacer un gran sacrificio se acercaba...


Continuará...

viernes, septiembre 07, 2007

El Alma del Joven (Parte I)

El joven pasaba ya sus días de una forma no muy interesante que digamos. Los viejos tiempos ya se habían terminado hacía mucho y nada parecía conmoverlo como antes. Su vida por momentos carecía de atractivo, o por lo menos así lo percibía él. Los amores reales se habían acabado, las pasiones que sentía por el mundo lentamente se disipaban entre su propia oscuridad como los recuerdos distantes de su niñez feliz. Ya no era más el niño soñador sentado atrás de la clase, mirando por la ventana. Ya no repetía esos largos paseos por la alameda con la única compañía de su música en el walkman. Ya no leía a Whitman y a Thoreau con la ingenua admiración con que solía leerlos. Los pocos placeres que le iban quedando se transformaban en una rutina insoportable.

Por las noches no hallaba más que hacer que recorrer en soledad los bares de la ciudad, perdido entre las caras risueñas de los viciosos, tratando de ser uno más entre ellos y olvidarse por unos breves momentos de su actual condición. Se abandonaba a sí mismo a la mediocridad de la multitud, y todas sus antiguas ambiciones parecían tan distantes e irrealizables que prefería apartarlas de su repertorio de pensamientos y reflexiones cotidianas. Para qué alimentar sueños imposibles, decía él convencido.

Un día mientras caminaba de vuelta a casa del trabajo, un pensamiento surcó su mente como un rayo de tormenta, y una emoción implacable desgarró su corazón a los pocos segundos, como el sonido del relámpago. Era la resolución que estaba esperando. El cielo cubierto de nubes se abría sobre él, el sol le sonreía con malicia. Desde hace mucho tiempo que su alma se encontraba extraviada. El joven hombre iría en su busca y no iba a descansar hasta encontrarla. Ya no albergaba temores y dudas en su interior, estaba harto de ellos.

Empacó lo poco que pudo en los tres minutos que le tomó abandonar su casa. No la sentía como su hogar de todos modos, de hecho la odiaba, nunca sintió que perteneciera a ella y, en realidad, no soportaba ya el silencio y la quietud de ese lúgubre espacio. Poco más de veinte mil pesos, una muda de ropa, algunos utensilios de higiene personal, un caño de hierba y un cuchillo eran todo lo que necesitaría para empezar. Subió a su auto y se largo de ahí, siguiendo la carretera del norte, hacia el desierto. Condujo toda la noche hasta el amanecer cuando se acabó la bencina y hubo de abandonar su auto a la orilla del camino.

Caminó y caminó por días incontables, por muchas semanas, los meses pasaban sin que el joven tuviera conciencia de ellos. El tiempo y el espacio eran variables invisibles para él. Cuando se sentía cansado se tendía bajo un árbol y descansaba, cuando sentía sueño se cubría con cualquier cosa y dormía, si sentía hambre, robaba frutas o vegetales de alguna plantación y comía. No había razón para sufrir, llevar una vida normal y estable ya no constituía para él una norma o una obligación moral. Pocas cosas le importaban. Si la gente lo consideraba un vagabundo o un loco, al joven no le iba ni venía puesto que sabía que estaban en lo correcto. Cruzó varios pueblos y algunas ciudades. A veces alguien le tendía una mano amistosa y otras veces le escupían en la cara, pero casi siempre todo lo que recibía era ignorancia e indiferencia.

Una noche de lluvia llegó a una gran ciudad iluminada y se refugió bajo el primer puente que encontró. No estaba sólo, un hombre de largas barbas negras, cubierto de harapos, se encontraba también allí, sentado frente al fuego. Lo invitó a sentarse con él. No tenía nombre, o edad o lugar de origen, había olvidado esos detalles hace ya mucho, pero la gente de los alrededores lo llamaba Gorrión, por la fina y deliciosa voz que a todos encantaba cuando entonaba viejos himnos y melodías improvisadas a cambio de monedas sueltas. El joven experimentó una profunda simpatía por el viejo hombre de barbas, mientras oía con entusiasmo sus historias imaginadas, contadas entre sinceras y joviales carcajadas. Juntos cantaron al compás del agua que caía del cielo, y lograron descifrar uno que otro de sus sueños gracias a las extrañas y arcanas teorías del Gorrión vagabundo. El viejo era una alegre compañía, algo que el joven realmente echaba de menos, por lo que resolvió, al salir el sol y luego de haber dormido unas horas, preguntarle si deseaba acompañarlo en su hasta entonces solitario viaje.


Continuará...

jueves, septiembre 06, 2007

Sin Aire

Santiago me cae sobre la cabeza como un saco de mugre, con todo esto del Transantiago y las distancias infinitas de cada día... al borde del caos total, a solo un paso de una agonía lenta y ahogante como el humo de un tubo de escape. Necesitaré un ligero escape de esta realidad cuando los cigarros Camel dejen de abrirme la ventana al relajo. Esta tarde ha sido así hasta ahora... conversaciones virtuales sorprendentes y gargantas asperas por el tabaco inhalado. La televisión hace 3 horas mostrándome imágenes del adios al maestro Pavarotti, el grande, con su tremenda voz de notas altas y bajas y su actitud magnifica y humilde a la vez, que trajo la ópera a los plebeyos como yo que antes vomitabamos al oírla pero ya no, nunca más eso.
En fin, el día está rico, el sol pega fuerte y el verano se acerca con muchos planes en fabricación. Esta vez el mochileo viene real.
La otra vez me fijaba que las personas cuando van en la micro y no cachan bien el recorrido siempre se sientan al lado del pasillo todo nerviosos y van con el cuello como jirafa mirando por arriba de las personas pa ver adonde van.
También caché que siempre que vengo de vuelta de algún lugar lejano en donde nunca antes había estado me viene a la cabeza la idea de que estoy volviendo a mi casa pero en una realidad paralela que no es exactamente igual a la mía. Algo parecido me pasa cada vez que voy escuchando música y la canción se salta un segundo, en esos casos pienso que me raptaron los extraterrestres y me devolvieron con un ligero desfase en el tiempo, y me reviso la barba y las uñas por si me han crecido en ese tiempo que fue borrado de mi mente.
Ahh... fome, el desencanto sigue aquí sobándome la cabeza. Necesito algo específico, no a muchos les he dicho lo que necesito pero lo necesito desesperadamente, ya estoy que corto las huinchas por eso, estoy como reventando por dentro y hasta los peos se me arrancan.
Al menos ya tengo por fin la idea para mi película, anoche se me ocurrio acostado tratando de dormir, esa es la mejor hora y más si estás boca arriba, como que las ideas fluyeeen como agüita fría. Es tan buena la idea que ni cagando la hago al lote como pensaba hacerla, no wn, esto será monumental y perfecto.
Y aquí se acaba el popurrí de ideas poco interesantes.

- me verás volver, oh soda mía.

viernes, julio 27, 2007

La Lenta Espera de la Extinción

La actividad de mi abuela está cada vez más importantemente restringida a pasar el tiempo sentada junto al fuego de la chimenea, absorbiendo el calor como si su sangre ya no fuera capaz de producirlo, con un cigarro en la mano y los ojos entreabiertos, y yo no puedo evitar observarla. A sus ochenta y cinco años la vida tiene poco que ofrecer. Ya no hay ideas nuevas, no más personas interesantes, el futuro no depara ya sorpresas y el mundo no le pertenece, o mejor dicho que ella no pertenece más al mundo, que avanza más rápido y vertiginosamente de lo que su percepción alcanza a captar. Pienso en el maldito oxígeno que deteriora inevitablemente sus células neuronales acercándola más y más a un estado cercano a los objetos, en el constante y persistente acecho de la muerte que se lleva a todos los que la han acompañado desde su juventud, uno a uno, en cualquier momento puede ser ella la elegida. Y así su mundo se reduce a un montón de recuerdos empolvados y cubiertos de gris ceniza. Y el terror toma posesión de mi espíritu, porque llegará el día en que yo tome su lugar y conozca lo que ella conoce ahora, la espera, la deprimente, terrible espera del final…

Dicen que cuando los hombres Inuit, los famosos esquimales, envejecen y se vuelven incapaces de contribuir a la comunidad, pasando a ser una carga, ellos eligen tomar su lanza y abandonar a su gente en busca de una última batalla, en busca del oso polar que les regale la muerte gloriosa que se merecen, como los orgullosos cazadores guerreros que fueron toda su vida.

Está claro que yo no apoyo la eliminación o la segregación de la tercera edad, cualquier cosa menos eso, pero me gusta esa idea romántica de los esquimales, me gusta para mi propio caso individual, significa que el coraje no desaparece necesariamente con los años, que la fuerza y el fuego siguen ahí brillando, que uno puede salvarse de que el tiempo y la naturaleza te roben lo bueno y de valor que hay en ti, y en cierta manera vivir para siempre.
Se los dejo como reflexión quizás para aprovechar más nuestras vidas y llegar más alto, ser un poco más heróicos y dignos talvés, qué se yo...

lunes, julio 23, 2007

No Llueve Para Siempre


“No sé si es mi destino el interpretar este papel, pero me siento muy afortunado de poder hacerlo. El cuervo en la película puedes verlo como un guía. Es una pieza de su propia personalidad que lo lleva de regreso a su vida y le recuerda a Eric quién era y qué fue lo que le pasó.Esta es una persona que fue empujada a los límites de su habilidad de hacer frente a lo que está pasando y que a la vez está completamente loco, como una persona loca que escucha voces. Voces racionales que tratan de guiarlo, voces irracionales que vienen de un sitio muy profundo y emocional. Creo que el cuervo es la voz racional.
El cuervo es su guía y ayuda a Eric a hacer aquello que debía de hacer de un modo muy práctico, le conduce a los lugares en los que tiene que estar, le ayuda a encontrar a las personas que tiene que buscar.
Es una historia sobre justicia para las víctimas.
Su misión es encontrar a los hombres que le mataron a él y a su prometida, y matarlos.
Es un papel maravilloso, realmente es un papel con el que puedes arriesgarte. Te da una oportunidad de tomar esos riesgos y llevarlos más allá. Porque dime ¿cómo se va a comportar alguien que regresa del más allá?
Eso es lo que me gusta de interpretar a este personaje, es real… porque no hay reglas sobre como va a comportarse una persona que regresa de la muerte.
Hay una parte de él que está llena de furia… hacia lo que le pasó. Una de las cosas que más me gusta de esta película es el hecho de que todas esas partes del personaje tienen un balance en la pantalla. Está destrozado, bastante destrozado emocional, física y psicológicamente. Creo que el atractivo en la misión de Eric, es que es una misión muy pura. Regresa para buscar justicia.
He hecho otras películas que han sido violentas, pero tengo que decir que nunca he hecho algo en donde sintiera que la violencia estaba tan justificada como en The Crow. No necesitamos preocuparnos por la compasión.
Esto es justicia, sinceramente creo que si yo me encontrara en la misma situación haría exactamente lo mismo que él. El tiene asuntos que arreglar y está obligado a poner a un lado su propio dolor para cumplir su misión.
Esta película maneja el concepto de una solución que está entre el bien y el mal.
Porque no sabemos cuándo moriremos, pensamos que la vida es un pozo inagotable, pero todo ocurre un cierto número de veces, y un número muy pequeño en realidad. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde específica de tu niñez? ¿Una tarde que es profundamente una parte de tu existencia sin la cual no puedes concebir tu vida? Tal vez cuatro o cinco veces como mucho…tal vez ni siquiera eso.
¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte, y al mismo tiempo todo parece no tener límite.
Este es el punto de vista de este personaje , desarrollándose a lo largo de la película, porque todo lo que le sucede le va trayendo bruscamente la visión de como era de hermoso cada momento de su vida.
Este es el mejor papel que he tenido la oportunidad de tener en mis manos.”


Brandon Lee, durante el rodaje de El Cuervo, poco antes de su muerte.